Redacción / Sala de Guerra.

El Síndrome de La Habana ha estado interfiriendo  cada vez que  izquierdistas de aquí y de allá han mostrado intenciones de “dialogar” y “entenderse” con el régimen comunista cubano, por eso para iniciar cualquier jugada de cambio-fraude en Cuba urge a las partes interesadas en negociar buscar una solución que apacigüe a las víctimas de los ataques sónicos.

Eso lo saben muy bien los que manejan la administración de Biden.

Esta semana el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, nombró a dos altos funcionarios para encabezar el grupo de trabajo que evaluará el misterioso síndrome de La Habana, que ha enfermado a cientos de estadounidenses, incluidos diplomáticos, en el extranjero.

Días antes Biden promulgó un proyecto de ley que brinda apoyo financiero a los funcionarios del gobierno estadounidense que han sido víctimas del “síndrome de La Habana”, los misteriosos síntomas de salud que han afectado al personal estadounidense en varias partes del mundo.

El anuncio de Biden salió a la luz pública en agosto cuando la vicepresidenta Kamala Harris y su delegación retrasaron la salida de Singapur a Vietnam, luego de que se enteraron de un “incidente de salud anómalo” en Hanoi.

Sobre el tema un alto funcionario del Departamento de Estado declaró   que el incidente esta relacionado con casos reportados previamente del ataque sónico conocido como “Síndrome de La Habana”, en Cuba y alrededor del mundo.

Todo parece indicar que quien fuera el vicepresidente de Obama cuando esto comenzó se encargará de zanjar el tema con billete de por medio pero sin una explicación plausible del ataque, ni el nombre de los responsables.