Redacción Sala de Guerra.

Opinión: Julio A Rojas

Cuba y el cautiverio espiritual y mental de esos seres humanos, que el día que quieran ser libres tendrán que derribar del pedestal de santo, a un dictador

Desde el mismo triunfo de la revolución cubana en 1959, los comisarios políticos e ideólogos del sistema comunista, se han dado a la tarea de igualar el pensamiento y las obras de José Martí, con el pensamiento y la obra de Fidel Castro, buscando como objetivo rendirle culto al desaparecido dictador y poner al mismo nivel ambos pensamientos y obras políticas.

Naturalmente que, para pretender alcanzar tal meta, los historiadores al servicio de la revolución, han tergiversado y cambiado la verdadera esencia del ideario martiano. Martí fue querido y amado por muchos en su época y en la actualidad debido a la profundidad de sus pensamientos, obras y gran visión de cómo construir una república.

Martí también odiado por aquellos que aspiraban a dirigir la isla como un campamento militar y en análisis detallado podemos ver que esa idea de los que rechazaban a Martí fue la que tomó Fidel Castro para convertirla en realidad estableciendo una dictadura marxista leninista, donde una considerable cifra de cubanos empezaron idolatrarlo y rendirle culto como a Dios.

Primero que todo, hay que señalar que no existía nada en común entre José Martí y él desaparecido Fidel y mucho menos con su fracasada revolución. La sabiduría y el pensamiento de José Martí más sus obras distan mucho de los descalabros del dictador, es abismal e insondable la distancia entre ambos. Martí fue y es gloria para la nación cubana, Fidel ha sumergió la isla en un abismo de pobreza total que en la actualidad mantiene el gobernante de la nación.

Su revolución desde que usurpó el poder se apoderó de todos los estándares y espacios en la isla y de esa manera enterró el nacimiento de la república. Para mantenerse como un César al estilo del imperio romano, comenzó a encarcelar, fusilar y desaparecer todo tipo de oposición en su contra, sus seguidores lo único que clamaban al ver la figura del líder por tiempo interminable era la palabra Fidel, los que se oponían eran cautivos del miedo y el silencio debido al terror implantado.

La idolatría a estos personajes oscuros a través de la historia, los hizo creerse iluminados y de una mente superior a todos los seres humanos en sus dominios. Sus órdenes eran indiscutibles y aquellos que veían el error y el desastre que se avecinaba, de salirle al paso significaría la destitución de su cargo y de persistir en su contra, la cárcel o la desaparición física, miles de archivos desclasificados han salido a la luz a la caída de estos regímenes.

Para mantener de buen ánimo y alegre al ¨máximo líder¨, título que solamente se le puede atribuir al Altísimo, todos los logros colectivos o personales de las personas debido a los dones y talentos que poseen del Creador, obligatoriamente había que declarar a través de los medios de difusión que cada conquista ya fuera en el deporte o cualquier otra rama, las glorias eran de Fidel Castro y su revolución.

Las alabanzas dedicadas al caudillo y declaradas con poder por los que las pronunciaban, pasaron a empobrecer y cegar el espíritu, intelecto y la sabiduría del individuo. Que después de la maldición del culto a la personalidad de un pecador, ¿cómo es posible que siendo cadáver todavía existan personas que le sigan rindiendo culto y gloria?  ya no a la personalidad, sino al muerto.

Estas personas se traicionan a sí mismo y al Creador quien les regaló los dones.

El resultado de toda esa maldición por más de 62 años, ha traído como consecuencia la pobreza física y espiritual de la nación cubana, más el cautiverio espiritual y mental de esos seres humanos, que el día que quieran ser libres tendrán que derribar del pedestal de santo, a un dictador que como algunos de sus semejantes: Lenin, Stalin, Hitler, Mussolini y muchos otros que no vale la pena mencionar, están entre los muertos.