Redacción Sala de Guerra.

Opinión: Armando de Armas (De su página de Facebook y publicado en este sitio con su autorización).

El observar y estudiar desprejuiciadamente, o al menos todo lo desprejuicidamente que he podido, la realidad cubana del presente y el pasado -ya desde que estaba en la isla- me llevaron pronto a pensar que una de las causas primordiales por las que en Cuba se impuso y se mantiene el comunismo es por la falta o ruptura con la Tradición a partir del triunfo del independentismo de la mano estadounidense, de la mano armada estadounidense, así la nación cubana, como la misma nación americana y el resto de naciones del continente, es un producto del estado artificial y el iluminismo que paren al mundo moderno con sus revoluciones y repúblicas liberales.

Pero parece ser que en Cuba ese asunto se agudizó porque a esa corta Tradición se añade a su vez un desmesurado desarrollismo progresista. De suerte que en Cuba no hubo siquiera algo parecido a una derecha, a partir de la revolución del 33 al menos eso es así sin dudas. Luego, llegado el comunismo como una consecuencia del predominio del pensamiento –más bien del no pensamiento- izquierdista en la isla se le pretendió combatir, ¡ay Dios!, con versiones aguadas de esa misma ideología comunista, es decir, socialdemocracia y sucedáneos.

Teniendo en cuenta que las naciones y sus sociedades se conforman en la vertical que desciende del Espíritu a la Cultura y de la Cultura a la Política, y que entre la Cultura y la Política está el eslabón de la Ideología –vulgarización de la Cultura y remanente del Espíritu- se puede concluir que es imposible enfrentar exitosamente el comunismo sin una ideología que se le oponga radicalmente.

La última oposición que se da en la isla desde San Isidro a Archipiélago, y recientes declaraciones de Junior García Aguilera acerca de que el gobierno cubano es tan malo, o marido maltratador como él lo nombra, que hombre, cómo se le ocurre, no puede ser un gobierno de izquierdas sino conservador, me llevan a exponer nuevamente mi pensamiento al respecto y rescatar el siguiente fragmento de mi libro Mitos de antiexilio, publicado en español e inglés en 2007, en italiano en 2008, y en español de nuevo en 2020. Aclaro nuevamente, por si las dudas, que ese izquierdismo medular no es sólo un problema de la nueva oposición anticastrista sino que esta lo hereda de los primeros opositores al castrismo en 1959, y aún antes, de la República.

“Pero el exilio cubano tiene también lo suyo, y tiene que se asume como de derecha sin serlo, y ocurre a veces que se identifica con la derecha más desprestigiada, torpe y estridente. Paradójicamente no existe una derecha en el exilio; al menos no lo que pudiéramos llamar un pensamiento de derecha representativo de la masa desterrada. Hay sí expresiones, procedimientos o actitudes de derecha, o que la izquierda procura enmarcar dentro de la derecha en su afán descalificador del anticastrismo.

Lo primero que sorprendería al observador no avisado que llegase a Miami es que la mayoría de las organizaciones y personalidades del anticastrismo más militante han sido, o se han definido como revolucionarias. Muchos han llegado al punto de disputar el revolucionarismo a Castro; ¡son ellos y no Castro los auténticos revolucionarios! De ahí que, por ejemplo, dos de las organizaciones más duras del exilio en el enfrentamiento armado al régimen de La Habana se nombrasen orgullosamente Movimiento de Recuperación Revolucionaria y Rescate Revolucionario, de Manuel Artime y Antonio (Tony) Varona, respectivamente. De ahí la tesis de la revolución traicionada que sostienen figuras tan respetables como el Comandante Huber Matos.

Es por ello que la lectura desprejuiciada del programa de gobierno que aplicaría en Cuba libre una organización como Alfa 66, catalogada como de extrema derecha, llevaría a ubicarla más bien en el terreno ideológico de una socialdemocracia bastante radical. En el caso de Alfa 66, y de cualquier otra organización que proclame la lucha violenta y no sea comunista o afín al comunismo, ocurre que la izquierda confunde convenientemente método de lucha con ideología; si son violentos y no son marxistas, ¡faltaría más!, son de extrema derecha; cuando la verdad es que esa nebulosa zona del laboreo político que conforma la izquierda sería la única en la historia que ha desarrollado una metodología científica de la violencia para la toma y mantenimiento del poder; sostenida además sobre una filosofía que se proclama inapelable en la explicación, manual de por medio, de cada uno de los fenómenos de la compleja y resbaladiza realidad. Me refiero a la lucha de clases y el Marxismo-Leninismo, respectivamente.

No por gusto fue el Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) uno de los más importantes y populares de la segunda mitad de vida republicana en la isla. No por gusto, además, las lides electorales en la más grande de las Antillas, al menos después de la Revolución del 33, se librarían siempre entre la izquierda y la izquierda; aunque quizá, y esto es lo peor, sin conciencia cabal entre los partidos y coaliciones de por dónde iban los tiros ideológicos; y llegados a los tiros ideológicos quizá sea adecuado aventurar la hipótesis acerca de que, probablemente, entre los factores que llevarían a la pérdida de la República democrática y a la instauración del comunismo se encontraría la ausencia de un pensamiento de derecha en la isla; al punto de que para encontrar algo parecido en la historia de esa isla haya que remontarse a la primera mitad del XIX; con prohombres de la estirpe de José Antonio Saco y Francisco de Arango y Parreño (¡la mente más brillante de Cuba al decir del historiador Manuel Moreno Fraginals!), nucleados en torno a instituciones y publicaciones como la Sociedad Económica de Amigos del País y el Papel Periódico de La Habana”.