Redacción / Sala de Guerra

Autor: Frank Correa. La realidad de la medicina cubana en tiempos de Covid

La calle 226 de Jaimanitas es “La ruta de Fuster”, un pintor de la localidad que adornó las fachadas de las viviendas con conformaciones artísticas, una imitación al artista barcelonés Gaudí a base de azulejos rotos. La ruta de Fuster fue incluida en 2017 en el mapa turístico de la ciudad y hasta marzo de 2020 estuvo llena de turistas pero quedó vacía por la llegada de la pandemia.

Pero en los últimos días la ruta de Fuster ha vuelto al movimiento. Con la apertura de los aeropuertos y otra vez han abierto sus puertas la casa taller y las galerías de ventas a lo largo de toda la calle, donde se exhiben además de las obras de Fuster cuadros y cerámicas de otros artistas. El antiguo miedo al contagio del Sarsk.Cov-2 comienza a distanciarse en el tiempo.

La precaria economía cubana y la necesidad desplazan el distanciamiento.

Los turistas que por estos días reaniman la vida económica del pueblo fotografían las obras de la ruta, sobre todo el consultorio médicos, Cuba es para muchos países en el mundo paradigma de la medicina, los turistas proceden de países que sufrieron con fuerza los embates del virus, nadie sabe si alguno de los visitantes tuvieron Covid o todavía lo incumban, en muchos sitios de la capital y en otras provincias llegan los turistas, ahora, cuando la pandemia parecía aparentemente controlada vuelven las noticias de una nueva variante: el omnicrom, según los expertos con muchas mutaciones y mayor transmisibilidad.

Marlem Rufi, de cuarenta años y especialista en Medicina General es la doctora del consultorio médico. Tiene amplia experiencia en el combate del virus por su misión internacionalista en Lesoto y un año entero en La Covadonga,  da su opinión sobre la realidad cubana de la pandemia.

“De puro milagro todavía sigo ejerciendo la medicina. En cada sitio que he podido he denunciado la tibieza de los colectivos médicos de protestar y el miedo para exigir los derechos laborales, para exigir los medios de protección necesarios en los hospitales donde se albergaban grandes grupos de infestados. Fui pionera de las quejas por las falsas estadísticas, por el deficiente manejo de los PCR, recuerdo que en la Covadonga inicié una protesta junto a otros médicos y aunque aquella vez no trascendió pudimos demostrar que se podía protestar”.

Cuenta la doctora que aunque aquello no trascendió en las redes sociales pasó de boca a boca entre los médicos y sirvió como un punto de inflexión para dar luz a otros reclamos con mucha mayor fuerza y que sí fueron conocidos.

“En aquel momento nos silenciaron rápidamente porque accedieron a nuestros reclamos, pero el grupo de trabajo fue disuelto y nos dispersaron por distintos hospitales de La Habana y de otras provincias, en mi caso por mi rebeldía me gané un traslado para el hospital de Sandino, en Pinar del Río y luego me trasladaron para Artemisa. Soy natural de Bauta y me quedaba bastante cerca mi trabajo, pero esta gente no olvida y de más castigo me enviaron aquí, a Jaimanitas, en este  consultorio lleno de azulejos como un carnaval donde soy fotografiada constantemente por los extranjeros”.

“Cuba ha sido para el mundo durante mucho tiempo la gran potencia médica y asegura que continúa siéndolo, y yo me río de este lema”, dice la doctora, “es cierto que en otros lugares del mundo la salud pública está peor que aquí, pero ninguno de esos países se proclama de potencia de nada, ni presume tanto como lo hace Cuba en relación a la salud pública, incluso siendo muy pobres no tienen tanta falta de medicamentos ni de instrumental, cuentan con los medios de protección necesarios y el número de camas y de ambulancias es mayor, lo vi en Lesoto”.

“También me río cuando escucho la seguidilla de las cinco vacunas, me río porque solo eso es posible en el comunismo, donde el gobierno no le rinde cuentas a nadie y hace lo que le parezca, nada de esto puedo comentarlo con los pacientes, porque en este pueblo de Jaimanitas hay más chivatos que gente, hay muchos oficiales del MINIT, escoltas de Fidel retirados, personal de servicio que todavía llevan ese mojón a cuesta,  aquí viven muchos funcionarios estatales comprometidos, pero tampoco le aplaudo ni le doy bombo y platillo a su mentira. En este consultorio estuvo uno de los primeros vacunatorios del país y la gente se vacunó a chorros, ahora con la nueva variante que ha parecido están en ascuas, porque resulta que ninguna de esas vacunas sirve”.

A la doctora Marlem no le gusta usar mucho las redes sociales. Dice que en su muro no se va a encontrar la banalidad que se desborda en Facebook, si acaso aparece alguna foto de familia en un cumpleaños, o sus plantas ornamentales que son su pasión, o sus artistas favoritos: Shakira y Marc Anthony. Confiesa que ha sido muy amiga de médicos que han tenido una actitud híper crítica contra el gobierno “y que han terminado saliendo por el techo”.

“Tengo médicos amigos que han sido botados de sus centros de trabajo, a los que se les ha invalidado el título, a militantes del partido comunista reales y cabales comecandelas que en esta pandemia se despojaron de la venda y tomaron posiciones radicales denunciando en Facebook el desastre sanitario”.

“Mantenemos conversación y me cuentan sus avatares sufridos y el calvario a que son sometidos, todos concuerdan lo bien que se sienten al mantener una actitud consecuente con el juramento hipocrático y con la patria”.

La doctora termina su consulta y con la bata de médico puesta se sienta en un banco en la acera. Es un banco muy colorido con flores amarillas y naranja donde se leen pedazos de poemas de Miguel Hernández y del francés François Fuesbacher, mira la hora y dice que le queda algo de tiempo todavía antes de subir a la segunda planta, donde tiene su vivienda, para poner la comida.

“También conozco a otros doctores, en realidad a muchos, que sabiendo la verdad de la tragedia han bajado la cabeza y han callado y miran a otro lado y continúan como integrantes de este circo, para poder mantener su puesto de trabajo y su  salario. Temen perder su estatus, o dañar a sus familias al asumir una actitud combativa y sincera, esos médicos me dan mucha pena porque no sé cómo pueden después poner la cabeza en la almohada y dormir tranquilos con una actitud tan servil. Conozco uno que estuvo conmigo en Lesoto en la misión, una persona decente, un buen especialista, pero ha tenido que dar la espalda a la verdad e incluso delatar a sus colegas para mantenerse como funcionario de un municipio, eso es muy triste. En el caso de un médico es doblemente triste”.

Las redes sociales están llenas de protestas que trascendieron en esta pandemia de Covid-19, por profesionales de la salud que alzaron sus voces por las deficiencias en los protocolos para combatir la pandemia. Por las pésimas condiciones laborales  a que estuvo sometidos el personal médico. Por la falta de medicamentos, de instrumental, de equipamiento y de camas.

El doctor Luis Guilarte protestó en Guantánamo en junio de 2021 por problemas en el hospital Agostinho Neto y fue sancionado con disminución de salario. Intentó reclamar con el sindicato de la salud pero le dijeron que la esfera de la salud estaba en alarma de combate, en situación de guerra, el reglamento en estos casos no podía aplicarse bajo estas condiciones.

“Nada qué hacer, estuve atado de pies y manos, constantemente vigilado, monitoreado hasta en el teléfono. Creo que lo mejor que hice fue esperar a que pasaran los tres meses de sanción para reincorporarme a mi puesto de trabajo, no sin antes explicar por escrito mi equivocación y comprometerme a mantener una actitud ejemplar y combativa y acatar todo lo estipulado por el puesto de mando de la salud en la provincia. Fue una humillación y una cobardía de mi parte, pero como ya dije: no había más nada que hacer”.

Igual que lo sucedido al doctor Guilarte, a lo largo de la isla fueron múltiples los casos de médicos que sufrieron el azote por protestar contra las difíciles condiciones de trabajo y al deficiente manejo de la  epidemia, pero que tuvieron que esconder la cabeza en la tierra como avestruces para continuar ejerciendo como médicos en policlínicos, hospitales y otros centros asistenciales. 

Lucio Mojena, de La Tunas, residente del barrio El Cornito, presume ser bisnieto del Cucalambé, un poeta muy venerado en la región, pero confiesa que tuvo que callarse la boca a finales  de 2020 cuando Cuba intentó reabrir los aeropuertos y las escuelas y  alzó su voz para denunciar que aún no era la hora de tomar esas medidas y “faltó poco para que me comieran”, recuerda Lucio.

“Recuerdo que me paré en una reunión en el hospital y dije que era una locura abrir en esas circunstancias, con la línea de contagio en ascenso y sin todavía vacunas ni un conocimiento exacto de la evolución del virus y me citaron a la unidad de instrucción policial para una entrevista. Me las vi negras. Tuve una subida de presión y me sacaron de la unidad policial desmayado, quise alertar una locura y al final el loco era yo, como me dijeron”.

“Luego se cumplió lo que profeticé: tuvieron que cerrar nuevamente y declarar una nueva cuarentena, pero el daño ya estaba hecho, ahora soy  hipertenso de por vida y en mi expediente hay una carta de advertencia donde según consta violé  la ética médica y los principios de la profesión”.

En enero de 2021 en todos los municipios de las 15 provincias se realizaron una reuniones llamadas “de prevención”, donde se amenazaron abiertamente a todos los médicos con sanciones “en caso de incumplir con las orientaciones del organismo superior, por utilizar las redes sociales para socavar la integridad del sistema de salud cubana o hacerle el juego al enemigo”.

El doctor Lucio está recién casado con una doctora de Jaimanitas que trabaja en La Tunas, dice que quiere llevar su matrimonio en paz y mantener tranquila su presión arterial, su esposa es funcionaria de la dirección municipal de la salud y es secretaria del núcleo del partido del hospital y pudiera dañarla con su actitud.

“Ahora estoy más tranquilo que una foto. Calladito me veo más bonito, dice mi esposa. Hago de cuenta que esta tragedia la cosa no es conmigo, porque como dice mi mujer no voy a cambiar el mundo y un solo golondrino no compone verano, pero la historia dirá la última palabra, por lo pronto me he trazado un plan simple para poder cuidar mis cuatro cosas más preciadas en la vida: mi salud, mi libertad, mi familia y mi trabajo, que otros sean los que den la batalla y pongan los muertos, yo sinceramente soy un cobarde, no me da pena decirlo, no tengo madera para rebelde”.

La realidad cubana en estos tiempos de aguda crisis económica y social mantiene la existencia de los trabajadores de la salud caminando sobre una cuerda floja. El gobierno les ofrece dos alternativas: sumarse al carro del régimen encubriendo la verdad, o la inmolación por cumplir con el deber histórico y ponerse del lado de la verdad.

Un turista francés se detiene frente al consultorio y le pide a la doctora Marlem una foto, para llevarla a su país y mostrar la esplendidez del sistema de salud cubano. La doctora accede sonriente, se acomoda la bata y posa con una mejor sonrisa.

Su hermoso rostro contrasta con las figuras deformadas del pintor de azulejos de Jaimanitas, y se irá a otro país como recuerdo de viaje, de fondo el consultorio de la ‘potencia en la medicina‘ y la doctora con su rostro feliz, que se despide y sube a la segunda planta del consultorio, a cocinar el picadillo sin sazón y el arroz blanco, lo único que pudo conseguir para la comida.