Redacción Sala de Guerra

Autor: Armando de Armas

Para los que ahora se asombran de lo que acontece en EEUU… esto lo escribí en 2013 y creo que merece la pena meditar sobre ello para entender un poco el presente:

La plebeyisación del poder en el mundo moderno espanta, el político para ganar votos ha de descender, en el mejor de los casos a captar la simpatía de los sectores mayoritarios y elementales y, en el peor, pertenecer a dicho sectores. Lo alto que imita o es lo bajo. Una sociedad así no puede sino retroceder a estadios barbáricos. La América Latina del presente puede ser un ejemplo de ello, y EE.UU la imita, por no hablar del liderazgo exilar anticastrista de los últimos tiempos. Así, Evola asegura que la presencia de un aspecto proletario en el nazismo es innegable, así como en la misma persona de Hitler, que no demuestra ninguno de los rasgos propios de un «señor». De un tipo aristocrático y «de raza». Este aspecto proletario e incluso vulgar del nacional‑socialismo, se evidenció frecuentemente de forma particular en Austria tras el ANSCHLUSS y la fase de pretensión «nacional» inconsiderada de los austriacos por la «Gran Alemania».

Movimiento de masas, cesarismo, democratismo, fueron las características más acusadas del nacional-socialismo. Estas tendencias figuran en lo más negativo que Evola percibe en el partido hitleriano. Este mismo reproche ya había sido dirigido por Evola contra el fascismo italiano y lo reitera ahora con la misma fuerza, pues, si cabe, veía en la dinámica nacional-socialista, una extremización de estos rasgos problemáticos. En particular, Evola critica uno de los temas favoritos de la propaganda nacional-socialista: el de la «nobleza del trabajo». La verdad que, pienso yo, no sé a quién se le ocurrió eso de la nobleza del trabajo. Recuerdo que, en décimo grado, una maestra inició su clase de marxismo en mi aula con una pregunta que a la vez era una afirmación. ¿¡Sabían ustedes que el trabajo formó al hombre!? Levanté la mano y le contesté. Maestra, si el trabajo formó al hombre, yo hubiera preferido quedarme mono, comiendo platanitos sobre las matas y no trabajar. Por supuesto que me expulsó.

La vulgarización de la vida es el verdadero enemigo. Revolución es vulgarización. La contrarrevolución no es vulgar.

Luego todo intento de vulgarizar la vida cubana o estadounidense, más de lo que ya está, no hace sino fortalecer a la revolución. No existen raps o reguetones libertarios. Existen sonatas y fugas libertarias.