Redacción / Sala de Guerra

Autor Frank Correa. «ELAM, una escuela para médicos revolucionarios»

Desde su llegada al poder y por más de 60 años, la propaganda comunista ha dedicado todos sus esfuerzos para anunciar a la educación y a la salud pública cubana como dos grandes conquistas de la revolución.

Entre sus principales estrategias de impulso y desarrollo se encuentran la creación del polo científico, la apertura de institutos y centros de investigaciones clínicas, los laboratorios multipropósitos y una amplia gama de fabricación de productos de la industria farmacéutica, que han colocado a Cuba en la órbita internacional del comercio de medicamentos.

Las misiones internacionalistas que han llevado a médicos cubanos a más de  un centenar de países, coloca a la mayor de las Antillas a la cabeza de la lista de la solidaridad y el humanismo en ese sector, pero es la Escuela Latinoamericana de Medicina, ELAM, el proyecto con mayor resonancia política, al formar contingentes de profesionales de la salud que se preparan para afrontar los grandes retos sanitarios en sus respectivos países.

Situada al noreste de La Habana, la ELAM fue fundada el 15 de noviembre de 1999 por iniciativa del desparecido gobernante Fidel Castro, como respuesta a los desastres naturales causados por los huracanes Mitch y George, que afectaron diferentes regiones Centroamérica y el Caribe.

Fidel Castro visitó ese centro en incontables ocasiones acompañado de presidentes y personalidades mundiales y la expuso como la bandera de la solidaridad, y como un centro de referencia de la educación superior y de las escuelas técnicas y científicas del país.

La Escuela Latinoamericana de Medicina, ELAM, recibió en el año 2020 la categoría de Centro de Excelencia, un galardón recibido con satisfacción por los estudiantes y profesores del centro. Este reconocimiento se unió a una larga lista de títulos recibidos en sus 22 años de existencia.

Pero ¿que se conoce de la ELAM además de sus médicos graduados y las distinciones recibidas?

El doctor Mauro Luis Cancio Ramos, de 87 años, quien fuera profesor de fisiología y enfermedades linfáticas, nos refiere que la ELAM es además de una escuela de medicina, un centro de capacitación de agentes de influencia.

“Los médicos extranjeros egresados de la ELAM son elegidos entre los grupos de jóvenes de más bajo estrato social de países del tercer mundo, que son preparados en Cuba y reciben un título de médico de manera gratuita, muy difícil  de obtener en sus países de residencia, lo que estriba en un compromiso moral imposible de descartar por los beneficiados”.

“Además estos profesionales de la salud reciben en Cuba una instrucción política especial, de carácter antimperialista y marcadamente comunista, no es casualidad que muchos médicos egresados de la ELAM son actualmente ministros de salud de muchos países del tercer mundo, otros ocupan altos cargos en institutos de investigaciones y centros científicos, en empresas farmacéuticas, incluso algunos dirigen organizaciones regionales en el sector de la salud”.

“También muchos de estos doctores muestran una abierta afiliación con los partidos de oposición a gobiernos democráticos y mantienen una activa labor para derrocarlos, desempeñan con mucho tesón una labor de defensa a la causa cubana, demostrado en las firmas de  documentos públicos donde expresan su adhesión a la revolución socialista instaurada en Cuba desde 1959”.

En los últimos meses de este 2021, un grupo de médicos egresados de la ELAM radicados en diferentes partes del mundo, han hecho pública su solidaridad hacia el gobierno cubano reconociendo la deuda contraída con la patria de Martí y agradeciendo los conocimientos adquiridos  y sus éxitos como médicos, a la vez que denuncian el “Bloqueo” norteamericano que impide a Cuba el desarrollo y el comercio con otros países y su rechazo a la ocupación ilegal del territorio cubano donde se encuentra enclavado la base naval de Guantánamo, solicitando que le sea devuelta a Cuba.

“Sin embargo la vida de los estudiantes en la Escuela Latinoamericana de Medicina  en ocasiones ha sido dura”, expresa Mayra Costa, trabajadora del almacén  de insumos de este centro docente. “Dura para los estudiantes y dura para sus familiares, un asunto que el gobierno se ha ocupado de mantener en total secreto”.

“La carrera es gratuita, es cierto, pero los gastos de los estudiantes son muy altos, sobre todos quienes pertenecen a familias adineradas que deben enviar dinero a sus hijos para poder mantener una vida normal, es decir una alimentación acorde a sus costumbres. Muchas familias que se trasladan a la isla para visitar a sus hijos, antes de marcharse a sus países de procedencia se han quejado del alto costo del viaje y las escaseces y limitaciones que han tenido que sortear”.

Falta de agua potable, fosas desbordadas, hacinamiento en los albergues, robos de pertenencias, peleas, protestas estudiantiles y el fallecimiento de estudiantes en situaciones nunca aclaradas, son algunos de los lados oscuros del ELAM, pero muy poca gente las conoce y no tienen el valor de denunciarlas.

“La ELAM era la niña de los ojos del fallecido Comandante en Jefe”, contó un trabajador de la brigada de mantenimiento, “estábamos advertidos de que nada de lo que sucediera dentro de la escuela, que pudiera manchar la buena reputación de los estudiantes o los profesores, podía divulgarse, por eso durante muchos años fue un tabú… un verdadero misterio esta escuela… éramos como una especie de trabajadores civiles de las FAR, para acceder a una plaza en la escuela debíamos someternos a una investigación exhaustiva en la cuadra y tener un aval de otros centros laborales donde antes hubiéramos prestado servicios. Otro de los requisitos exigidos era la militancia del partido comunista o de la juventud. No podías tener familiares en el extranjero. Además firmar un acta de compromiso que se adjuntaba al contrato laboral”.

“Tampoco se podía tener relaciones afectivas con alumnos extranjeros. Muchos nos buscaban para cambiar sus dólares en el mercado negro y así poder sacarle un poco más al cambio. Fui testigo de la expulsión de varios trabajadores por el solo hecho de ayudarlos en ese trámite financiero. También compartir con ellos fuera de la escuela podía considerarse una indisciplina grave, por eso considero la ELAM como una escuela semi militar, donde hay que ser revolucionario y comunista a carta cabal… o por lo menos disimularlo muy bien”.

En muchos hospitales de La Habana, tanto en las consultas como en la salas de ingresos, se ven a estudiantes de la ELAM en sus prácticas médicas, junto a los galenos cubanos más experimentados que le sirven de tutores. Mario, de 24 años y natural de Medellín, Colombia, se destaca entre los alumnos de su año por la dedicación que muestra para aprender y superarse.

Este futuro doctor tiene inclinaciones literarias y ha escrito varios poemas, y piensa publicar un libro cuando termine la carrera. También sueña con poner una clínica privada, iniciativa que desentona con los principios de la ELAM. Los padres de Mario son médicos en Colombia, y dueños de una clínica privada, quieren que su hijo siga sus pasos.

“Cuba es hermosa y su gente una maravilla, pero hay cosas que suceden aquí que no comprendo y no las encuentro ni en los libros de García Márquez… yo no me explico realmente… no sé cómo se sostiene la revolución… ni de donde sale tanto apoyo del propio pueblo que sufre tantas carencias… y la solidaridad internacional… porque hablo mucho con la gente y todos concuerdan en una misma opinión: este sistema no sirve… no da más… sin embargo sigue adelante”.

Lucia es de Quito, Ecuador y cursa el 4to año de a carrera en la ELAM, está esperando graduarse para contraer matrimonio con un médico cubano que conoció a su llegada a la isla.

“Mis planes después del matrimonio es trabajar en el hospital donde estoy realizando la práctica docente. No quiero regresar a Ecuador porque me he acostumbrado a Cuba, me siento una cubana más, la dirección de la escuela me comunicó que era una decisión imposible, pues debía prestar el servicio social en Ecuador por lo menos durante cuatro años para pagar la carrera, la única opción que me ofrecieron es que mi esposo se marchara conmigo, pero no estuvimos de acuerdo… porque tenemos otros planes. Espero que cuando nos casemos las cosas hayan cambiado y me permitan quedarme en Cuba. Es mi mayor deseo”.

Con la pandemia y la cuarentena se detuvo por mucho tiempo el transporte. De los pocos vehículos que nunca dejaron de funcionar estuvieron los ómnibus de la Escuela Latinoamericana de Medicina, llevando estudiantes de la escuela a los centros hospitalarios donde realizaban sus prácticas.

Muchos estudiantes extranjeros permanecieron junto al personal cubano en las zonas rojas de la pandemia, sufriendo con la falta de medios de protección, la escasez de equipamiento, instrumental y medicamentos, y por lo menos 9 estudiantes egresados de las facultades médicas cubanas fallecieron mientras trabajaban contra el Sarsk.Cov-2.

El más recordado fue el estudiante etíope de 6to año Obong Otang Obong, quien fuera un alumno muy querido entre el alumnado de la ELAM y su cadáver permaneció en Cuba durante mucho tiempo mientras se esperaba la reanudación de los vuelos.

“Conocí a Obong y de verdad que era una persona fenomenal. No me cabe la menor duda que iba a ser un gran médico, pero la vida fue dura con él, es el riesgo de desempeñar una profesión tan peligrosa y más en las condiciones como se trabajó en Cuba durante la pandemia, donde muchas veces no teníamos mascarillas ni guantes, que son dos de los accesorios fundamentales de protección”, expresó Muyan Calvari, estudiante de Chad y amigo del estudiante fallecido.

Pero la Escuela Latinoamericana de Medicina ELAM  no se limita a formar profesionales de la salud, cada graduado tiene que asimilar junto a los contenidos de clases una fuerte carga ideológica y constituyen potenciales agentes encubiertos, en ocasiones con tareas  concretas o simplemente para ejercer como entes de influencia en sus países.

“Cada médico cubano que viaja al exterior como miembros de una brigada médica internacionalista, o por otras razones, es un agente del gobierno castrista”, asegura Milton Arrobaruena, psicólogo de un hospital de La Habana, quien confiesa que durante su estancia en Timor del Este y luego en Benín, tenía que emitir un parte semanal sobre cualquier anormalidad que notara, no solo entre el grupo de médicos de la brigada, también lo que sucedía en su entorno.

“Si era de alguna relevancia debía informarlo por escrito, si era algo de menor lo resolvía con una llamada. Hubo ocasiones en que me sentí el súper agente, con una gran misión, pero a la distancia del tiempo creo que era solo para mantenerme comprometido y controlado y que no pensara siquiera salirme de la raya. Creo que la mayoría de los médicos, por no decir todos, estábamos enganchados en esa dinámica”.

Un suceso que refuerza el comentario del doctor Arrobaruena, ocurrió el 1 de noviembre de este 2021 cuando la Policía Política destapó a uno de sus colaboradores encubiertos: el agente Fernando, especialista de primer grado en medicina general integral y especialista en Oncología, quien fue durante 25 años espía del órgano represor cubano.

Entre sus misiones principales, además de la formación de médicos extranjeros, el agente Fernando participó en un taller sobre las fuerzas armadas y su papel en un proceso de transición en Cuba y en otro evento en Argentina, también con el tema del nuevo rol de las fuerzas armadas.

“Destaparon a ese médico, ¿pero cuantos médicos más deben estar infiltrados no en estos momentos, no solo en los grupos de la oposición cubana, también en la oposición de otros países, en sus gobiernos, en las organizaciones de la salud y los organismos internacionales respondiendo a los intereses del gobierno cubano? Y la mayoría graduados en las escuelas internacionales de medicina cubana, donde los entrenan y preparan y se van a sus países con tareas concretas, a realizar su labor encubierta”, expresa el doctor Arrobaruena.

En 22 años de creada la ELAM graduó a miles de médicos y especialistas,  dispersos hoy por todo el mundo, no solo con la misión de salvar vidas, también de responder a los intereses del país que los formó, con un gobierno que intenta a toda costa eternizar un sistema social que ha resultado un fracaso en todos los países donde se ha instaurado.