Redacción Sala de Guerra

Los reportes de derrumbes en la isla y la cifra de muertos y damnificados sigue en ascenso. No hay que ser agoreros para anticipar que la cifra ascenderá irremediablemente en una ciudad arruinada por la desidia. Hace muy poco un edificio se desplomó parcialmente en la intersección de las calles Monte y Ángeles, en el barrio de Jesús María, La Habana Vieja. Hubo un fallecido.

Ya esa edificación había sufrido un primer derrumbe y los vecinos habían sido evacuados hace algún tiempo. El joven que murió no vivía en él, estaba en la calle, a las 9 de la noche vendiendo pan, según dijo un vecino a medios de prensa.

Historias similares o peores se escuchan todos los años. Y nunca se nombran los responsables.

Gran parte de La Habana ofrece un panorama que nos recuerda las zonas que han vivido una guerra. Es cierto que por las rutas establecidas para que los turistas puedan llegar al «casco histórico» el grado de deterioro es tal que como dijéramos en lenguaje popular no se puede tapar el sol con un dedo.

Salta a la vista, cuando se camina por Centro Habana y La Habana Vieja la imagen ruinosa de los edificios deteriorados, emmohecidos, oscuros y a punto de desplomarse que se entremezclan con pequeños espacios en los que hay instalaciones remodeladas pintadas y muy alumbradas, todas propiedad del régimen militar, o sea del Clan Castro Espín & Rodríguez Lopez-Callejas.

Muchos de esas instalaciones pintadas brillantes y exponiendo servicios por moneda convertible se construyeron donde un tiempo atrás hubo un edificio que se cayó y ocasionó pérdidas irreparables.

Lo residentes que lograron salir ilesos tras los colapsos fueron y son «reubicados» en albergues, muy lejos de la zona e informados de la futura entrega de una casa que salvo contadas excepciones nunca les entregan.

Las historias de los que han escuchado la promesa del «gobierno» de una casa y bla, bla, bla son muy duras y de ellas es mejor hablar en capítulo separado.

Hoy corresponde a esta redacción precisar que con solo andar algunas calles de la capital sobran elementos para decirle a los demás que en cada lugar donde se desplomó o se deplome un edificio en el futuro la dictadura militar levantó, levanta y seguirá construyendo una tienda, un cabaret, una cafetería un negocio.





Las ganacias siempre van a manos del «estado» y del estado es dueño el clan militar que nunca ha respetado la propiedad privada y tampoco ha permitido que ninguna persona inicie por vías privadas la remodelación de los edificios. Y muchos menos que nadie invierta libremente en una inmobiliaria si no es GAESA la que recibe los favores y el dinero.

No es tan difícil entonces decir la verdad a la hora de dar Review y poner comentarios en los paquetes y sitios turísticos que afloran en los buscadores de Google.