Redacción Sala de Guerra

Autor: Idolidia Darias.

A finales de diciembre fui invitada por Manuel Milanés a su canal para contarle a sus seguidores la forma en que me sumé al boicot contra hoteles en Cuba.

El boicot expresado en los términos del empresario y activista cubano se traduce de manera directa en «darle en el billete a los militares y a los empresaurios porque es ahí donde más le duele«.

En ese momento en su directa me referí a lo que supe a través de las palabras de los otros sobre un edificio en Topes de Collantes que hoy la junta militar lo muestra como centro turístico.

En los primeros años de la década del 60 en esa instalación se torturó, se hicieron simulacros de fusilamientos y se mantuvieron incomunicados en celdas oscuras y malolientes a decenas de cubanos que se expresaron contra el comunismo.

Sobrevivientes de aquella época de horror y los familiares de algunos que ya no están con nosotros ofrecieron testimonios. Aunque el totalitarismo se empeñe en ocultar, tergiversar o simplemente borrar la historia la verdad está ahí y nos corresponde a nosostros no dejar que la sepulten.

Ese día además de referirme a ese hotel dije que en los trillos que surcan el lomerío, en los saltos de agua y en los lugares más insospechados de las montañas del centro de la isla conocida como Región Escambray hay una historia que contar.

Hay muchas vías para tomar acción contra el régimen despótico y siniestro por eso es importante conocer detalles de momentos de la historia cubana que poco se conocen porque en su afán por establecerse en el poder la dictadura las ha ido sepultando.

«Los desaparecidos del Castrismo»

La dictadura de los hermanos Fidel y Raúl Castro, nunca dudó en aplicar la pena de muerte a las miles de personas que lucharon contra su régimen, pero también han recurrido a la desaparición de personas. Se desconoce el paradero de los restos mortales  de cientos de personas en Cuba (sin incluir los desaparecidos en el mar).

Por “personas desaparecidas” se entiende a aquellos sujetos de los cuales sus familiares no tienen noticias o cuya desaparición ha sido señalada, sobre la base de información fidedigna, a causa de un conflicto armado o de violencia interna y situaciones en las que se requiera la actuación de una institución neutral e independiente.

En Cuba la cifra de personas desaparecidas en los primeros años de la llegada al poder de Fidel Castro nunca se ha podido conocer. En esa época fusilaban a las personas que se alzaron en armas contra el poder y luego los sepultaban sin darle información a la familia. Varios testimonios de familiares lo corroboran.

Maidin Carretero hija del Comandante insurgente Julio Emilio Carretero tenía cuatro años cuando su padre fue fusilado y hasta los días de hoy jamás ha podido saber donde están los restos mortales de él y de varios compañeros de lucha que enfrentaron al pelotón de fusilamiento juntos un 23 de junio de 1964 en los fosos de La Cabaña en La Habana.

«A mi mamá nunca le mostraron el cuerpo de mi padre, la noticia de que había sido fusilado se la dieron unos oficiales del MININT aquí en Trinidad unos días después del fusilamiento. En esa ocasión no le dijeron para que cementerio habían llevado su cadáver.

Ella siguió insistiendo y finalmente cuatro años después en 1968 tuvo que ir hasta La Habana porque fue el lugar donde él murió con la esperanza de obtener alguna información y allí lo único que pudo conseguir fue un certificado de defunción en el que ni tan siquiera pusieron las causas de la muerte, ni el cementerio a donde lo llevaron. Alguien le dijo que debia estar en el Cemeterio Colón y hasta allí llegó pero tampoco obtuvo alguna pista.

La búsqueda de desaparecidos abre más interrogantes.

Durante el período de insurgencia contra el poder totalitario en Cuba cientos de hombres perdieron la vida en las montañas del Escambray y los restos mortales fueron recogidos por la milicia nacional revolucionaria y sepultados en fosas sin identificar, tanto en los cementerios cercanos a la zona donde ocurrieron los hechos como en fosas comunes en cualquier lugar del terreno en el macizo montañoso.

Los que sobrevivieron aquella etapa de confrontación civil en Cuba consideran que en los parajes montañosos hay fosas que jamás fueron identificadas con la más leve señal de ahí que después de tanto tiempo es prácticamente imposible determinar los lugares y encontrar los restos en caso de que existiera la voluntad de hacer la búsqueda.

Estrella Cuéllar, viuda de Osvaldo Ramírez asegura que a ella nunca le dijeron dónde sepultaron a su esposo que murió en abril de 1963 mientras estaba alzado en el Escambray y el cuerpo fue recogido por los milicianos y no por los integrantes de la guerrilla que estaban en la zona.

Según la viuda pese a innumerables gestiones que hicieron para conocer el destino de los restos mortales del Comandante guerrillero jamás tuvieron información confiable por parte de las autoridades militares y la seguridad del Estado que era quien se encargaba en aquellos años de esas acciones.

Destaca Estrella que cuando se difundió la noticia de la muerte de su esposo ella pidió ver el cadáver y fue citada a Cienfuegos para identificarlo, sin embargo el cuerpo que le mostraron no era el de Osvaldo Ramírez. «A él le faltaba un dedo en una mano por eso yo pude comprobar desde que entré al lugar que aquel no era mi esposo.

También en ese empeño del gobierno cubano de establecer control absoluto sobre los lugares donde fueron sepultados los insurgentes está el caso del Comandante Guerrillero del Escambray José (Cheíto) León que fue sepultado en la zona muy cercano al lugar donde murió en un enfrentamiento con la milicia comunista.

Cuando los familiares querían visitar la tumba debían informarlo a la Seguridad del Estado dijo Ricardo Santiago Medina hijo de una hermana de José Cheíto León.

Según Medina las autoridades militares al paso de los años de morir su tío le dijeron a la familia que fue sepultado en un lugar cercano a Sopimpa pero para llegar hasta allá deben pasar por el trámite de informarlo al G-2 y esperar autorización.

Dice que él nunca ha visitado la tumba donde depositaron los restos del guerrillero porque no acepta cumplir esa trámite de pedir permiso.

En circunstancia diferente pero violatoria de los más elementales derechos del ciudadano está la familia de otro alzado del Escambray Pedro González Sánchez que sí conocen donde está sepultado el insurgente, pero tienen que pedir autorización a la Seguridad del Estado para ir al cementerio y esperar que sean los miembros del MININT quienes los llevan a una tumba pero identificada con un seudónimo.

Gabriel Miranda hermano de un desaparecido y que trabajó por un tiempo en el cementerio de Trinidad asegura que el Ministerio del Interior y la Seguridad del Estado deben tener el control de los osarios y las tumbas pero no dan la información porque no hay voluntad para aclarar plenamente todo lo ocurrido en esos años duros que vivió el país.