Redacción: Sala de Guerra

Autor: Guillermo “Coco” Fariñas Hernández.

Nunca antes me pareció más precisa la tan conocida frase del Emperador Francés Napoleón Bonaparte: “la grandeza de un hombre no se mide de los pies a la cabeza sino de la cabeza al cielo». Algo que ahora cuando visualizo la estatura de quien es considerado el más Universal de todos los Cubanos, José Martí. Y en el término Universal, sí que cabe con mayúscula esa estatura, inmedible, que pugna por brotar o romper cualquier molde, la grandeza del Apóstol.

En el año 1893 se publica, en el Atlas Histórico Bibliográfico de Martí, las medidas tomadas por el sastre dominicano Ramón Antonio Almonte, en Santo Domingo y a las que no pocos historiadores han hecho referencia, las que se hicieron en marzo de 1895, justo dos meses antes de la caida en combate de Martí y responden a 5 1/2 pies de altura y aproximadamente 140 libras.

Es evidente que aunque algunos le vieran más alto, más bajo o de mediana estatura, no era El Maestro el hombre más alto nacido en Cuba, sin embargo es catalogado como el más grande, que fuera parido en tierras cubanas.

Máximo Gómez lo vio como: “el mejor de los compañeros, el alma del levantamiento»…. «y yo vi entonces a Martí atravesando las abruptas montañas de Baracoa con un rifle al hombro, y una mochila a la espalda, sin quejarse, ni doblarse, al igual que un viejo batallador, acostumbrado a la marcha tan dura».

Citó luego, el propio Generalísimo Máximo Gómez, a 7 años de la desaparición física de Martí: “yo no he conocido otro igual en más de 30 años, que me encuentro al lado de los cubanos en su lucha por la independencia de la patria».

Se podría colmar cuartillas infinitas de la grandeza de éste gran patriota cubano, al que no le hizo ninguna falta calzar las lustrosas botazas del “falso guerrillero”, que como oportunista político lo nombró El Autor Intelectual del Asalto al Cuartel Moncada, pero se paseaba en carros lujosos y practicaba la pesca de altura en playas privadas.

Sin embargo a Martí, al Gran Martí le bastaron la levita cruzada, una insignificante tirita negra y angosta como corbata junto a unos zapatos teñidos de negro con pintura no muy perfecta que dejaba ver el antiguo color bayo del calzado, eso si, sin verse nunca sobre su ropa una mancha, porque era hombre de escrupulosa limpieza las que no sólo alumbraban sus cualidaded físicas sino las morales, porque Martí, como Félix Varela, decía: “la sencillez es el mejor ropaje de los pensamientos grandes”.

El Apóstol de Cuba estaba preparando la Guerra Necesaria, pero iba por el mundo sembrando amor y tolerancia. Fue el maestro de las primeras letras de Marcos, hijo de Gómez, resultó el guia dulcísimo de María Mantilla, a la que enseñó a amar con el decoro de las mujeres virtuosas, logró ser el hijo tierno y agradecido con sus padres, el hombre que puso su alma al decir: «que podia ponerse por encima de la misma nostalgia de la patria, la nostalgia del amor». Por eso afirmaba: «hago lo que debo y amo a una mujer – luego soy fuerte».

Sí que es grande ese Martí que trabajaba para subsistir y cooperar con la causa libertadora de la patria cubana, sin aceptar ni un sólo centavo mal habido y que echó su suerte con los pobres de la tierra y honor debido a su integridad caminaba por las congeladas calles de New York con sus zapatos rotos por las suelas, pues todo el dinero necesario era para hacer La Guerra Libertaria para Cuba.

Es por eso precisamente, que con el paso del tiempo crece su imagen de la cabeza al cielo, tal como él mismo expresara: “cuando se muere en los brazos de la patria agradecida, la muerte acaba, la prisión se rompe, empieza al fin con el morir la vida”. Esos son los patriotas anticomunistas que necesitamos hoy contra El Castrismo y su Junta Militar, cubanos y cubanas dispuestos a ser grandes hasta el cielo como José Martí.