Redacción Sala de Guerra

Si apareces en una lista que tienen los militares encargados de custodiar Cayo Saetía no puedes entrar.

Solo falta saber quien elaboró la lista y cual es el «detalle» que usan para negarle la entrada.

Cubanos siguen adelante con el #boicot a los negocios y emporios en la isla que benefician a la dictadura.

Cayo Saetía al oriente de Cuba es una zona altamente protegida por los militares.

Tras la acción de boicot que llevan adelante en las redes sociales y que es compartida por el influencer Manuel Milanés y el activista Albert Fonse los comentarios de los foristas detallando lo que ocurre allí respaldan la acción de decir la verdad cuando van dar un review y comentar sobre el servicio en el lugar.

Forista: Lo visité un dia, era amiguita del que alimentaba los camellos.

Forista: Ningún acceso, a mí me viraron y me dijeron que no se podía pasar. De momento pensé que estaba en la Base Naval.

Forista: Yo sé que ese cayo ya no es de Raúl es del tuerto (se refiere a Alejandro Castro hijo de Raúl) y compróo 6 Wii Jamer y 12 catamarán en Canadá y los tiene allí.

Forista: Sí yo fui cuando estaba en la primaria a un campamento estudiantil que había hay no se si todavía existe, y nos llevaron de excursión a una loma que no recuerdo el nombre porque fue hace ya casi 20 años, pero sí recuerdo haber visto venados y la playa era muy linda y limpia.

Turistas y periodistas que no quieren saber la realidad de Cuba, o se dejan engañar, pintan a ese lugar así:

«A 30 minutos en automóvil desde el lugar de nacimiento de Fidel y Raúl Castro se encuentra un cayo misterioso y escasamente poblado que alberga animales exóticos importados de África.

Cuba fue uno de los últimos lugares en la Tierra en los que esperaba comer un bistec de antílope, y precisamente por eso pedimos uno. Para mantener las cosas divertidas, también pedimos un bistec de res y le pedimos a la camarera que no nos dijera cuál era cuál. Aunque ambos platos llegaron con un puré idéntico, sus diferencias quedaron claras de inmediato. El antílope era más oscuro, más magro y mejor cocinado. En cuanto al sabor y la textura, era como un cruce entre bistec de falda y cecina de res. Mientras la mesera recogía nuestros platos, satisfecha de que hubiéramos disfrutado de nuestro antílope, prometió que veríamos a muchos de ellos en la naturaleza a la mañana siguiente. Y así comenzó nuestro safari cubano.