Redacción Sala de Guerra

El negocio en Cuba con la sangre viene desde hace mucho tiempo. Es un tema muy sensible al que que también el blog medicinacubana.blogspot.com le ha dado seguimiento.

Tambien en el pasado la periodista Mary Anastasia O’Grady abordó el tema en WSJ

En el artículo Contando las víctimas de Castro escribió:

“El 27 de mayo [de 1966], 166 cubanos –civiles y militares– fueron ejecutados y sometidos a procedimientos médicos de extracción de sangre de un promedio de siete pintas por persona. Esta sangre se vende al Vietnam comunista a razón de $50 por pinta con el doble propósito de obtener divisas y contribuir a la agresión comunista del Vietcong.

Una pinta de sangre equivale a medio litro. Extraer esta cantidad de sangre a una persona condenada a muerte produce anemia cerebral y un estado de inconsciencia y parálisis. Una vez extraída la sangre, la persona es llevada por dos milicianos en una camilla. al lugar donde tiene lugar la ejecución”.

Archivo Cuba tiene documentos que detallan casos de presos a los que le realizaban extracciones de sangre. Estos fueron presentados a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Haz clic aquí: https://cubaarchive.org/wp-content/uploads/2021/06/Forced-blood-extraction-SPANISH.pdf

Casos documentados de extracción de sangre forzada

Hasta la fecha, 1 de mayo de 2021, Archivo Cuba ha documentado 31 casos de extracción de sangre forzada de presos políticos antes de su ejecución por fusilamiento; 28 de las víctimas eran cubanos y 3 eran ciudadanos estadounidenses; todos fueron acusados de ser parte de la resistencia anticomunista. Dichas ejecuciones ocurrieron entre 1960 y 1964 en diferentes provincias de Cuba, lo que indica que la práctica tuvo lugar en distintos centros penitenciarios del país durante un período de al menos cuatro años. Pudo habérsele impuesto a cientos de hombres antes de su ejecución. De 1960 a 1967, los años de la insurgencia anticomunista. Archivo Cuba ha documentado a la fecha 1.856 ejecuciones por fusilamiento.

La extracción forzada de sangre pudo haberse mantenido en secreto en muchos casos, ya que las víctimas se habían despedido de sus compañeros de prisión y habían sido escoltadas de sus celdas y, una vez ejecutados, sus familiares no recibieron sus cuerpos para su entierro. Sin embargo, en ciertos casos, los familiares se enteraron de la atroz práctica por medio de amigos o familiares de los guardias de prisión u otras personas con conocimiento de causa. Un familiar de uno de tres hombres ejecutados el mismo día en Camagüey en 1964, conocía a un individuo que había ayudado a enterrar los cadáveres en una fosa común y accedió a llevar a los familiares a recuperarlos –al examinar los cuerpos, se descubrió que les habían drenado la sangre.