Autor: Armando de Armas

(Publicado en facebook y reproducido con autorización del autor).

Luego de la directa grabada este domingo con Idolidia Darias sobre la situación internacional y la guerra Rusia-Ucrania algunos amigos me pidieron que abundará sobre lo que podríamos esperar de un cambio epocal como el que ahora vivimos.

Creo que la mejor manera de explicarlo es con este fragmento que escribiera en 2008 para lo que después fue el libro Los naipes en el espejo

Aclaro además que los cambios epocales son inevitables porque son obra del Espíritu y que lo único que nos está dado hacer es tratar de estar alertas cuando ocurran, poniendo atención a quienes hayan estudiado a fondo el tema, y maniobrar en lo posible a nuestro favor.

«De modo que al presente pudiéramos estar en un tiempo bisagra, uno en que el Espíritu de la Época va siendo otro. Así, veremos aquellos modos y sistemas que nos parecían imperecederos, y hasta impecables, derrumbarse como castillos de mantequilla al sol del mediodía, y a las lumbreras dentro de esos modos y sistemas, estrellas del cine y el espectáculo, escritores, intelectuales, empresarios, periodistas, políticos, pontífices, funcionarios, mesías del cambio climático y otras zarandajas, empequeñecerse y desparecer en la misma nada que siempre fueron, porque el numen epocal que los sostenía, hinchaba y sobredimensionaba habrá desaparecido previamente, para dar paso al Espíritu de otra época que traerá consigo otras demandas y desesperos, problemas y parabienes, peligros y poderes, prioridades y expectativas, pecados y privaciones, agonías y abundancias, vicios y virtudes que requerirán de otro tipo de héroe en las esferas del accionar humano, sobre todo en las esferas del arte, las letras, la religión, la política y la guerra; porque guerra habrá, acabando la falsa sensación de seguridad del mundo moderno como un sitio conocido, doméstico o domesticado, desentendido de lo divino, de los misterios de los ciclos existenciales, al que se viene, con buena suerte, a engordar el ego y el trasero, a saciar unos deseos y perversiones, y legislar luego sobre esos deseos y perversiones, donde las libertades y el sustento se dan por hechos, donde la muerte, la enfermedad, la vejez y la miseria se eliminan por decreto; así vemos maratones o meses dedicados a la lucha contra el cáncer, la atrofia muscular, el autismo, el armamentismo, el hambre, la frigidez o la violencia de género; un mundo para andar bellos, saludables, musculosos y calentitos, con todos los orificios satisfechos, y donde el sólo hecho de desconectarnos de Internet nos aterra».