Por Pedro Corzo

La dictadura castrista politiza todo lo que ocurre en Cuba, como lo refleja un titular del periódico Granma, correspondiente al día que el régimen declaro oficialmente la extinción del incendio en la base de Supertanqueros de Matanzas, una tragedia devastadora en lo humano y material, que suma a las vicisitudes diarias del ciudadano insular, un pesar particularmente doloroso.  

El titular decía, “La voluntad que venció las llamas” acompañado de una foto del dictador suplente, Miguel Díaz Canel, junto a otro funcionario cuyo merito principal fue dirigir la búsqueda en Bolivia de los restos del asesino en serie Ernesto “Che” Guevara, condición que destacan al escribir, “No es casualidad que el distinguido especialista esté al frente del equipo multidisciplinario de expertos encargado de cumplir esta misión, lo cual revela la importancia ofrecida por el país a estos héroes del incendio “. 

En una palabra, la prensa y el régimen no establecen la magnitud de la tragedia por los muertos, desaparecidos o daños materiales, sino por el equipo forense que usará en la búsqueda e identificación de los desaparecidos, cuyo mayor logro científico, fue encontrar los restos de uno de sus matones.  

Otra muestra de cómo la dictadura lo abanderiza todo se aprecia en la foto que acompaña el titular de prensa. En cualquier lugar del mundo cuando ocurren tragedias similares, las fotos y noticias, corresponden a las víctimas y familiares, o individuos que se destacaron en el control del desastre, en Cuba no, los medios oficiales, los únicos que existen en la Isla, siguen explotando la narrativa que los jerarcas del gobierno son héroes listos a entregar sus vidas para salvar a la nación.

Se aprecia también que la nomenclatura, no ha aprendido de sus fracasos. El uso continuado de consignas está presente en el titular. La presencia del vocablo “voluntad”, muy querido para la dictadura desde los años sesenta, es una constante del régimen de que lo subjetivo puede sustituir la falta de recursos y la logística. La revolución siempre ha gustado de ese vocablo, sino recordemos aquel proyecto de Fidel Castro de la “voluntad hidráulica” y del trabajo voluntario, como si con voluntad se pudieran sustituir los miles de kilómetros de tuberías defectuosas o paliar las sequias que en Cuba son particularmente severas por la deforestación que protagonizó el “Che” en los años sesenta, cuando dinamitaba arboles frondosos porque era muy difícil a los buldóceres arrancarlos de raíz. Tremendo ecologista.

En la Isla se instrumentó lo que llamaron “revolución hidráulica”, que como el resto de sus revoluciones solo cosechó fracasos, al enfrentar los ciudadanos en la actualidad más problemas con el abastecimiento de agua que en cualquier otro momento del pasado.

Ninguna persona con sentido común puede rechazar la importancia de la voluntad, una virtud importante para alcanzar cualquier objetivo, pero de ahí a proclamar que ella es suficiente para resolver los problemas, es un absurdo al que recurren demagogos y populista para manipular a sus partidarios.

En los sesenta en Cuba se fomentaron masivas campañas de trabajo voluntario. Convocatorias masivas a la ciudadanía para cumplir jornadas de trabajo sin paga que por lo regular eran una rotunda pérdida económica para el estado por la pésima organización de la gestión laboral o por falta de instrumentos necesarios para la labor. Aquellos que se negaban a participar eran diferenciados del resto de la población, una especie de apestado político que lo situaba entre los contrarios al proceso.

Por otra parte, no faltaron personas identificadas con la Revolución que criticaron aquellas campañas que solo dejaban perdidas a la administración, desgraciadamente muy pocos se percataron que el gobierno estaba invirtiendo en un magno plan de masificación del ciudadano, en la conversión del individuo en parte de una maquinaria necesaria para conservar el poder que ha durado hasta el presente, aunque indiscutiblemente desde hace años se aprecian quebraduras que derribaran el entramado.

Las consecuencias de este incendio agravaran las condiciones de vida de los cubanos. La sempiterna ineptitud de los funcionarios castristas y el miedo de los jerarcas a que el individuo asuma sus prerrogativas ciudadanas redundará en mayor escases y numerosos apagones. La situación es difícil, pero tenemos el viejo y cínico refrán, “lo bueno que tiene esto es lo malo que se esta poniendo”.